Protocolos para un apocalipsis

 PROTOCOLOS PARA UN APOCALIPSIS, de Frank G. Rubio y Enrique Freire

Fuente: felixrodrigomora.net
http://felixrodrigomora.net/PROTOCOLOS%20PARA%20UN%20APOCALIPSIS.pdf

Ideas para la reflexión
Algunas notas sobre el libro de Frank G. Rubio y Enrique Freire, Editorial Manuscritos, 2010

Desde luego que para extraer de este libro ideas que interesen a una reflexión prospectiva debemos alejarnos de viejas recetas doctrinales e ideologías desgastadas. Ni es un tratado de “ciencia política”, ni obedece a estrategias preconcebidas que puedan guardar relación con corrientes dogmáticas en ruina y tampoco encontraremos una tranquila coherencia formal de argumentos. Lo que hallamos son ideas, planteamientos, prospecciones de contenidos claramente filosóficos, políticos y, hasta diría, chirriantes, en muchos aspectos, e incorrectos, en clara oposición a los típicosproductos ideológicos que la clase dominante viene vomitando desde sus plataformas institucionales de control ideológico de masas.

Particularmente interesante es toda la primera parte del libro dedicada a vislumbrar el panorama de la situación actual, en sus claves orwelianas y huxleistas. A través de una trayectoria por los mitos relevantes del engaño y la manipulación del pensamiento termina aportando una luz inusual sobre acontecimientos servidos para el consumo y control de las masas por parte del Estado/s. Narrado todo ello en una lógica novelada más que de ensayo, nos induce al perdón por las referencias mágicas, en favor de la esencialidad del discurso.

Verdad, razón e instrumentalización del conocimiento, constituyen elementos claves a poner en cuestión. La construcción de la realidad por el Estado y acólitos a partir de la “Era del Conocimiento y la Ciencia”, en que la prensa, radio, TV, juegan un papel en la creación de la “agenda” de interés para las masas, y desde la educación, Internet, y la literatura-basura proestatal subvencionada de una intelectualidad completamente mercantilizada, hacen la parte correspondiente a las iniciativas individuales. La caracterización del llamado nuevo tipo humano medio, como creación del aparato mediático-ideológico del Estado es definido como desinformado, crédulo y sobre todo saturado por la cantidad de mensajes que debe procesar su cerebro a lo largo del día, creando una nueva modalidad de despotismo: “toda la información para el pueblo, pero sin la verdadera información”. En síntesis, normalización masiva de la opinión y unifomización mediática de las inteligencias.

Hay que destacar los argumentos expuestos en este libro sobre el trauma ideológico que supuso el Sueño de la Razón del XVIII, con el derrumbe de todo un sistema de ideas y de valores, de base mitológica, en favor de la Razón del Estado, expresada a partir de los estímulos mediáticos, p.e. 11S, como marco ideológico para la ideación de la política imperialista USA-UE de la primera década del nuevo siglo XXI. Es acertado el análisis sobre esa visión de la situación mundial, como “choque de civilizaciones”, Occidente-Islam, un enfrentamiento irreal y fabricado, en la línea expresada por Wu Ming, de “el imperio en guerra contra sí mismo” en el análisis que ya se hacía del 11S en 2001. El mundo del imperialismo y del capitalismo es el mismo, y en él se entrecruzan los intereses estratégicos de todas las élites de poder mundiales, y también contradicciones que inevitablemente llevan a un enfrentamiento en su interior. Particularmente interesante es la referencia a la necesidad de montar un escenario de conflictivo en el norte de África, como espacio de asentamiento privilegiado. Hoy vemos como la guerra impuesta a Libia, así como los movimientos de reajuste de poder en el mundo árabe, justamente van en esa dirección.

La más que oportuna cita de Z. Brzezinski que encabeza el capítulo Los guionistas del simulacro, terrorífica en si misma, deja entrever hacia donde se dirige la crítica del libro, a la élite tecnocrática destinada a controlar los comportamientos humanos. La realidad supera la ficción, la Era Tecnotrónica ya está entre nosotros, La Teoría de la Conspiración se nos presenta como una pseudo ficción, para desacreditar una realidad aún más cruda, cuando la historia, toda ella, y en particular en el siglo XX está repleta de situaciones probadas en que los poderosos, con independencia del corte ideológico, se ponen de acuerdo en cuestiones esenciales de la distribución de esferas de influencias. No hay mayor Teoría de la Conspiración que la Conferencia de Yalta de 1945, con Roosevelt, Churchill y Stalin repartiéndose el mundo, como también lo son la ONU, la FAO, el FMI o el BC. Desde el 11 S esto ha sido ya la norma, con la paradigmática creación Bin Laden y todos los montajes patéticos posteriores, incluido su ajusticiamiento: teatro para bobos.

No deja de ser sorprendente el análisis de Protocolos sobre las identidades en cuanto a la cosmovisión del modelo social futuro, basado en el desarrollismo tecno-industrial entre las ideologías sustentadoras del Capitalismo y del Comunismo y el papel actual de la socialdemocracia. El concepto de comunismo como bisagra entre sociedades (las experiencias emblemáticas de Rusia y China) es sustancialmente coherente con la visión de las sociedades de dominio estatal burocrático (eufemísticamente denominadas de dictadura del proletariado), como –de forma esencial- capitalismo de emergencia, sistemas que han permitido la incorporación al mundo industrialista-urbanista y al mercado capitalista mundial de decenas de millones de humanos de dos sub-continentes. La socialdemocracia, corrientedetritus de la izquierda es calificada acertadamente como colchón que sirve de freno para cualquier intento de cambio efectivo y radical.

En tal situación ¿hacia donde vamos? El planteamiento de Protocolos es básicamente correcto, ciertamente la izquierda, como mecanismo de control ideológico de masas ya no puede jugar el papel de antaño, está agotada luego de las experiencias frustrantes de las revoluciones proletaristas; y el liberalismo y su modelo individualista desarrollista frenético tampoco es sostenible, ¿Qué queda? Pues indudablemente podemos estar asistiendo a una crisis de poder en el mundo imperialista occidental USA-UE, con el telón de fondo de la crisis económica, y las divergentes alternativas USA-RU, respecto de la UE. Globalización es imperialismo, e imperialismo es unidad, en compartir todo un sistema de dominación y explotación, pero también lucha, inevitablemente militar, entre ellos mismos, por mejorar sus respectivas posiciones en el tablero de ajedrez del dominio mundial. La perspectiva alumbrada por Protocolos es correcta, en este contexto, Europa cada vez más es una opción alternativa a los USA, lo cual se viene poniendo de manifiesta con mayor insistencia en cómo se afrontan las crisis actuales a los niveles político, económico o militar.

En unos momentos en que la defensa de las migajas envenenadas del Estado del bienestar constituye el único programa con pretensiones radicales, la critica a ello como sociedades que se dicen “democráticas”, sociedades basadas en el Gasta y Obedece, es acertado. Con ello se pone en cuestión elementos claves del sistema de dominación actual, la forma democrática constitucional basada en la partitocracia, que no es más que una dictadura, eso sí formalmente imperceptible, con la ayuda de la televisión y demás medios de intoxicación ideológica del sistema. Otra cuestión que comienza ser preocupante para el sistema de poder consiste en arbitrar soluciones éticas y morales capaces de ofrecer una sustitución de las creencias míticas del pasado destruidas por la racionalidad cientificista. La lectura de Teilhard trata de explicar justamente los mecanismos filosóficos complejos por los que se pretende alcanzar el reemplazo del global de las creencias. Una New Age necesita una New Religión. Internet (y la TV, por supuesto) aporta el hábito socializador necesario de la aldea global, en la que no faltarán referencias justificativas teóricas de Teilhard o de quien sea, con tal de que los lugares comunes sean asumidos masivamente. Con independencia de la línea argumental sobre los antecedentes histórico-ideológicos que están detrás de la idea Europa, como objetivo muy antiguo, perseguido por diversos grupos y auspiciado en gran mediad por potencias periféricas…Inglaterra o los USA, conformado por hechos puntuales como las alianzas en la guerra fría, el 11 M.

Ello pone de manifiesto, como tendencia, la iniciativa hacia un proyecto imperialista autónomo, la Nueva Europa. En esta estrategia, el argumento de la potenciación del fundamentalismo islámico por las potencias anglosajones e Israel para debilitar la consolidación de una unificación pan-árabe, de matiz netamente anticolonial, no europea y cercana a la antigua URSS, junto a proyectos de Islam moderado tipo Turquía o Marruecos, alcanza significación y coherencia. Y como telón de fondo la estrategia para Afganistán, Irak, norte de África, Palestina, Arabia Saudita, Egipto, en línea con la preparación de probable enfrentamiento bélico con las potencias orientales con capacidad de disputa geoestratégica, como China, Rusia o Irán. Destacar, en el análisis de las condiciones previas al mundo que nos espera: Uno, la consideración de la evolución-transición del mundo moderno, desde el XIX, el siglo del Capitalismo, en el que fructificaron las semillas de los dos siglos anteriores, con los triunfos de las revoluciones democráticas Inglesa, Americana y Francesa., al XX, donde la caracterización del opuesto “socialismo” es definida acertadamente como Capitalismo por otros medios. Dos, la definición totalmente atinada: el papel de los intelectuales en la legitimación ideológica del sistema es hoy más que nunca, fundamental. Tres, el papel de la política como arte del engaño, como parte de la campaña mediática, personajes muy secundarios, la generalización de medidas de control personal e imposición militar de conductas (campañas anti…). Cuatro, mención aparte, aunque dentro del ámbito político merece la mención a la función del feminismo de Estado, como parte de la política de imposición y control de conductas favorecedoras de estrategias estatales, calificados en Protocolos, directamente como feminismos embrutecedores divulgados ‘manu militari‘. Retomando la cuestión internacional, el concepto estratégico de Eurabia no deja de ser una perspectiva creíble e inquietante, en el horizonte de una Restauración Europea, a modo de Cuarto Reich. La cuestión pasa por el más previsible fracaso de los planes USA para Oriente Medio. En ello, la utilización del Islam por el imperialismo UE será decisiva. De hecho ya está instalado en el interior de sus fronteras con la inmigración, convertida en auténtico boomerang para la imposición de políticas de democratización en los países árabes de origen. Sin duda alguna, como en Protocolos se plantea, la existencia de una juventud vital y combativa, con creencias y valores, muchos de ellos marciales, serán de mucha utilidad cuando tenga lugar el conflicto con los chinos, acertadamente definida como reserva de mano militar para afrontar el reto futuro e inevitable de la confrontación por la hegemonía planetaria con los nuevos “mongoles”. En definitiva, junto a una literatura fantástica se introducen agudos análisis políticos e inquietudes intelectuales sorprendentes e innovadores, rozando elementos sustanciales de un análisis coherente de la actual situación política que nos induce a la recomendación de los Protocolos para un Apocalipsis como un libro de obligada lectura para vislumbrar las claves del momento presente.

Félix Rodrigo Mora

 PROTOCOLOS PARA UN APOCALIPSIS, de Frank G. Rubio y Enrique Freire

Fuente: varadero.wordpress.com
http://varadero.wordpress.com/2011/10/16/protocolos-para-un-apocalipsis-de-frank-g-rubio-y-enrique-freire/

El horror que formamos seis mil millones de egos no puede abordarse más que desde la paranoia, y así se hace en este libro que recorre y desmiente las ilusiones de realidad que nos tienen sumidos en este “estado de fe” y control sistemático. En su deconstrucción de las pautas para nuestra estandarización y nuestro deterioro mental, y a través de artículos que abordan eventos como el 11-S o el 11-M a partir de la cábala (¡olé sus güevos!), Rubio y Freire dejan en evidencia a ese ciudadano que se pronuncia escéptico, escucha la SER, lee el periódico que más y mejor le corrobora, y se constituye “informado” en su deglución de tres informativos diarios. El libro, salpicado de erudición esotérica y mandanga conspiranoica, es demagógico y, sin conciencia, frisa el terreno de la ficción documental, subgénero divertidísimo y jubiloso que se permite disponer obviedades como que la Iglesia Católica es la mayor organización criminal conocida, o que el mirar televisión, además de hacer inoperante la capacidad imaginativa, desactiva del todo el sistema nervioso central y resulta la única actividad humana indomable, ya que hasta en la cópula desenfrenada se alcanza un punto de colapso, pero nunca zapeando. Yo creo que estas cosas hay que decirlas más. El blanco de los autores es todo lo que abunda en el “totalitarismo pluralista”: el auge de las disciplinas orientalistas, que mestizadas con el marketing inciden en su labor de conseguir conductas adaptativas, el ridículo de las manifestaciones contra el terrorismo, que ya entran de lleno en nuestras tradiciones y festejos populares, la mierda de internet y las repugnantes redes sociales, las vergonzosas maniobras de ese anticristo que es Obama, y el materialismo y la sumisión a la ciencia y a la tecnología que (es que es acojonante) llamamos libertad. Esta tiranía ideal desde el momento en que es autoimpuesta, este funcionamiento en que somos esclavos de nosotros mismos y en el sometimiento nos pretendemos felices, en que ya no hay prisiones porque ya hemos hecho de todo prisión, no ha de mermar el derecho a la resistencia y la agresión de cuatro gatos volterianos que todavía nos preguntamos cómo hemos podido llegar a esto: “35 siglos de historia para acabar trabajando once horas diarias con el único objetivo de consumir y pagar una casa”. Estos Protocolos para el Apocalipsis son una bienvenida a la Era Tecnotrónica y un “Necesitamos una buena guerra”, mientras Eurasia avanza con el cuchillo entre los dientes y los cretinos occidentales clamamos que estoloarreglamosentretodos. ¡Mis cojones sostenibles!

Posted by Rubén Lardín

 PROTOCOLOS PARA UN APOCALIPSIS, de Frank G. Rubio y Enrique Freire

Fuente: http://forfy.blogspot.com
http://forfy.blogspot.com/2010/04/protocolos-para-un-apocalipsis.html

Día del libro/Recomendación exprés: Una dosis de sana conspiranoia y, más que de advenimientos chungos, la constatación (una vez más) de que estamos (o seguimos) con la mierda al cuello. Llevo 1/3 (sí, siempre recomiendo las cosas cuando llevo 1/3 de las mismas [1]) y de momento, pese a alguna que otra obviedad necesaria, está alimentando un poquito más mi paranoia habitual. Que teniendo en cuenta que siempre afronto este tipo de escritos desde el lado escéptico (eso es, mas Scully y menos Mulder), no está nada mal. En el punto en el que estoy, el ensayo está poniendo en tela de juicio la manipulación mediática con el 11-S como telón fondo desde una óptica nada morbosa [2], más bien de acoso y derribo para con la cultura de masas. Aprecio además que hay cierto esfuerzo en trazar conexiones históricas, en sacar a relucir que en el fondo venimos arrastrando ciertos temas desde hace siglos. Los enfoques catastrofistas de hoy no dejan de tener el mismo esqueleto que los enfoques catastrofistas de antaño, meros remakes elaborados con más medios. La teoría de la conspiración como un monstruo que se retroalimenta y que se nutre del mismo miedo e ignorancia de siempre.

Echadle un vistazo si os inquietan los temas que trata y recordad que podéis enfocar su lectura desde la pura ciencia ficción o creyéndooslo todo (con lo cual traicionas el propio espíritu del libro pero lo haces más divertido).

[1] Este libro además me lo compré por la portada. Yeah!

[2] Muy posiblemente este video sea lo peor que vais a ver hoy. Os aconsejo por tanto que no lo veais. Luego se censura a San Troy Parker y San Matt Stone… tsk.

 PROTOCOLOS PARA UN APOCALIPSIS, de Frank G. Rubio y Enrique Freire

Fuente: www.revistaprotesis.com
http://www.revistaprotesis.com/2009/09/protocolos-para-un-apocalipsis-frank-g.html

Los autores prefieren, antes que vender certezas inamovibles, sembrar en nosotros una actitud escéptica, una postura crítica, que cuestione todo lo que vemos en las pantallas, para que, de una vez por todas, apliquemos la duda metódica a todos aquellos simulacros que se nos ofrecen

 La vigencia de los mitos
Mientras leía este ensayo, venía a mí una imagen muy concreta. Algo se me aparecía, como si fuera sugerido por la voz de los autores. No podía evitar pensar en el mito de la caverna de Platón. Y me sorprendía la vigencia que puede tener este mito de la antigüedad.
Hubo millones, miles  de millones de atentados, tantos como televidentes presenciando el espectáculo  de las torres viniéndose abajo, envueltas en lenguas de fuego

El filósofo nos relataba una situación que, insisto, hoy día sigue resultando más que familiar. Un grupo de personas dentro de una caverna. Desde su profundidad no pueden ver lo que hay “ahí fuera”, ya que sólo perciben las sombras, reflejos imperfectos de esa realidad que les es escamoteada.

¿Seremos tan optimistas como para decir que hemos evolucionado mucho desde entonces? En un mundo dominado por el “pantallismo” –por emplear el término que utilizan Rubio y Freire–, sólo podemos acceder a realidades experimentadas de forma vicaria. De hecho, no experimentamos la realidad, sino que la miramos pasivamente, eliminada la posibilidad de interacción, ya que nuestra única forma de participación está en el mando a distancia y el frenético zapping.

Llegaré a las últimas consecuencias: las opiniones que nos formemos sobre el mundo que nos rodea tendrán la misma validez y fiabilidad que las de aquellos que, inmersos en la caverna, intentan discernir la verdadera forma y color de esos objetos de los que sólo ven la sombra.

Si pensamos que este conglomerado de pantallas –de ordenador, televisores, teléfonos móviles, consolas de videojuegos y toda suerte de dispositivos electrónicos–, que nos escupen una realidad fragmentada, adulterada y distorsionada, está además al servicio de determinados grupos de poder, la confusión generada, la manipulación, es ya total.

Respecto al ensayo, haré una advertencia: no pocos se acercarán a sus páginas buscando una explicación definitiva, una solución que ayude a comprender conflictos internacionales como el 11-S o el 11-M. Se podrían sentir decepcionados. Los autores son conscientes de que se han escrito miles de especulaciones al respecto, y prefieren dejar la parte dogmática a otros. Rubio y Freire se centran, más bien, en describir los procesos, o protocolos, que lentamente –o rápidamente, quién sabe– transforman nuestro mundo. Por emplear un símil médico, prefieren estudiar la enfermedad y mostrarnos todos sus perfiles, antes que dar con un diagnóstico esperanzador –falsamente esperanzador, se entiende–. Porque, no nos engañemos, en este libro se abordan realidades muy complejas y aparentemente caóticas, ante las que no caben respuestas lapidarias y reduccionistas.

En su análisis del impacto mediático, del tratamiento que los media han otorgado al 11-S, llegan a decir que no hubo un sólo atentado. Hubo millones, miles de millones de atentados, tantos como televidentes enganchados a su pantalla, presenciando el espectáculo de las torres viniéndose abajo, envueltas en lenguas de fuego.

En definitiva, insistiré a riesgo de ser pesado, en este libro no se nos ofrecen respuestas. Sólo opciones. Los autores prefieren, antes que vender certezas inamovibles, sembrar en nosotros una actitud escéptica, una postura crítica, que cuestione todo lo que vemos en las pantallas, para que, de una vez por todas, apliquemos la duda metódica a todos aquellos simulacros que se nos ofrecen. Quizás sea la única manera de empezar a conocer nuestro entorno de manera no mediatizada.

No faltarán quienes piensen que nos adentramos en terrenos imaginativos y delirantes, como si glosáramos el argumento de una novela de fantaciencia. A todos ellos les recordaré que, en los tiempos que corren, las fronteras que separan la realidad social de la ciencia ficción, no son más que ilusiones ópticas.

David G. Panadero

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