Adelanto de ESTAR SIN FIN, Vol. III. Juan Ignacio Ferreras

Ofrecemos a continuación uno de los textos integrados en el volumen III del Estar sin fin, de Juan Ignacio Ferreras, una especie de diario de pensamientos sobre todo y el todo que escribió a lo largo de más de 20 años y que permanece inédito en su mayor parte. Se trata del titulado LA TEORÍA DEL CUERPO INOCULADO, sobre la momificación de la cultura actual. A punto ya de salir a la venta el Volumen II, en Editorial Manuscritos iremos publicando los volúmenes sucesivos hasta completar estos personalísimos ensayos literario-filosóficos de un escritor tan original como incomprendido y ninguneado en su propia patria.

LA TEORÍA DEL CUERPO INOCULADO*

Juan Ignacio Ferreras

ferreras fotoLa certera impresión que se va convirtiendo en opinión verdadera, casi en percepción indiscutible, de la sinrazón ordenada de la realidad social que te rodea. El concepto de cosificación es demasiado suave por lo incompleto. Habría que encontrar un concepto lejos ya de la extranjerización hegeliana, de la cosificación, de la enajenación… habría que encontrar una palabra que expresara la situación de la araña muerta y no muerta, a la que cierta avispa ha inoculado su veneno momificador: la araña sobrevive para que los huevos de la avispa se transformen en larvas y la devoren…se trata pues de una puesta en disposición, de una inmovilización también y de una momificación: el cuerpo queda embotado, absurdamente vivo y con conciencia o no, de su propio estado, pero sobre todo, a disposición de lo que le devorará sin remedio.

La cultura actual, la comercialización de la literatura y arte, el narcótico de las músicas comercializadas como narcóticos propicios, la expulsión del cuerpo social de toda posibilidad de objetivación a base de una falsa sublimación o exaltación de lo subjetivo, transforman al hombre en el cuerpo de la araña inoculada.

La conciencia de la propia momificación engendra ciertos libros, ciertas críticas que exaltan los cuerpos inoculados, y defienden la situación precatatónica del hombre como situación posmodema… vienen a decir: estamos en un final y hay que vivirlo. Pero nada hay más falso desgraciadamente, porque el final del cuerpo inoculado puede durar años, siglos, épocas, las que necesiten las larvas para desarrollarse… no está pues en la conciencia del cerebro del cuerpo inoculado, el saber, ni siquiera el calcular, el tiempo de su muerte.

bichos1La araña inoculada canta su momificación como vida, porque ha perdido ya hasta la memoria de otra vida posible. Aquí, al parecer, la conciencia colectiva es la momificada, y en cuanto a memoria colectiva que podría transformarse en conciencia, apenas existe… o existe en algunas expresiones sociales, fuera de comercio, poéticas… pero no marginales, tal y como se entiende la marginalidad, esto es, como un estado de excepción y siempre provisional, que marca el tiempo muy breve que separa la marginalidad de su incorporación en la sociedad y en su consiguiente consumo. Incluso se podrían encontrar ejemplos en que un producto cultural es presentado siempre como marginal en un primer momento, antes de pasar a ser o conformarse como mercancía apta para el consumo inmediato.

La comercialización como concepto, tampoco puede caracterizar el estado hipnótico del cuerpo inoculado, porque va de soi, es obvio… ya nadie se escandaliza de ser o estar comercializado, es más no hay artista que no busque su propia comercialización sin comprender que echarse en manos de las reglas del mercado, significa la propia momificación. En otras palabras, el artista busca afanosamente el aguijón de la avispa que lo transformará en cuerpo inoculado. Para ti el decir “estás comercializado” sigue constituyendo un insulto, una acusación de inautenticidad; para los demás, al parecer, aunque siempre habrá excepciones, el estar comercializado significa estar en el mundo, porque tú, como dijo tu amigo el millonario” estás en otra galaxia”… ¡cuántas veces has recordado esta frase! y cuantas veces la has reconocido como cierta y certera… la realidad es el reino de la inautenticidad, la realidad objetiva, la social, es la inautenticidad del cuerpo inoculado… el que no acepte las reglas del juego de la momificación, estará fuera de la realidad que ya es inauténtica. No, no ganará por ello y por el simple hecho de estar fuera, la autenticidad, ganará y de momento, la soledad, nada más que la soledad.dibujo-777

Y desde la soledad que lucha contra un exceso de subjetividad ¿cómo será la vida del solitario confrontado diariamente con la realidad? ¿Es posible vivir negando lo aparentemente existente? ¿Es posible sobrevivir frente a los océanos de inautenticidad momificada? ¿Cómo no caer en la desesperación, cuando la desesperación es el mínimo de lucidez que ha de imponerse al espíritu no momificado?

Sin contar con que la lucidez no momificada, ha de caer socialmente en la incomprensión absoluta. Las reglas de la comunicación pertenecen también al cuerpo inoculado, fuera de ellas los caminos son borrosos o se desdibujan en la niebla. El precio de la lucidez se paga socialmente con la pérdida de todo camino, de todo destino individual reconocido socialmente. El no ser nada para el mundo, es lo propio del que piensa que el mundo no es nada para él. Rechazar uno cualquiera de los uniformes que definen al momificado en sociedad, significa estar desnudo ante el mundo.

La algarabía indescriptible del cuerpo inoculado se suele llamar cultura y arte en la actualidad, a veces, hasta se atreven a llamarlo pensamiento, pero si lo fuera empezaría por denunciar el estado de momificación del cuerpo inoculado, puesto que es imposible todo pensamiento o reflexión dentro del cuerpo inoculado. Aceptar por otra parte, la momificación conceptualmente en aras de una presunta posmodernidad sin finalidad teleólogica alguna, tampoco puede significar pensamiento puesto que continúa dentro del cuerpo inoculado.

La tragedia cosiste en comprender que pensar fuera del cuerpo inoculado, acarrea la natural y lógica incomunicabilidad, pero ¿no será esta falta de comunicación el signo claro del pensamiento no momificado? Y si lo es ¿de qué ha de servir si no es posible comunicarlo? Servirá, claro está, para la propia conciencia a condición de que esta conciencia propia, pueda sobrevivir en soledad renunciando a toda objetividad, renunciando incluso a toda sociedad, y en estas condiciones ¿es posible la vida?

Dibujo-1Es claro que la lucidez conduce al suicidio, ya que el negar la objetividad real, inauténtica y hasta momificada, determina la negación de toda subjetividad aunque esta no esté inoculada, a no ser que el propio sujeto no momificado piense que su autenticidad es solamente un momento, el que le separa exactamente de su deglución por el cuerpo inoculado o el de la propia autodestrucción.

¿No hay otra salida, solución, componenda en suma?

La hay aunque muy sospechosa y quizás inane, consiste en pensarla, en reflexionar sobre una solución, en la pura búsqueda de una salida que rompa con las reglas establecidas, que rompa incluso con las propias conclusiones a las que ha llegado la conciencia solitaria y no inoculada. No se trata de una esperanza, virtud negativa, sino de una hipótesis de trabajo en la mejor tradición académica, de investigación lógica. Consiste no en una solución, sino en la única solución ante las fauces siempre abiertas de la realidad inoculada.

Y desde la soledad a punto de autodestrucción, desde la lucidez que no cree en el futuro, la conciencia no momificada emprenderá su camino que consiste en construirlo. Sí, “se abre camino al andar”, entre otras razones porque no hay ningún camino.

Y el cuerpo inoculado ni siquiera contemplará la andadura de la conciencia no momificada, y la andadura conseguida, si se consigue, tampoco ha de servir para el cuerpo inoculado.

Así de triste pero así de necesario.

 *Las imágenes que acompañan a este artículo son dibujos del propio Juan Ignacio Ferreras.

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